Europa es Europa, y no los Estados Unidos de Europa. Actualmente, estamos sufriendo un proceso para convertir al continente europeo en un solo Estado.
Queremos imitar a los EEUU, porque a ellos les va bien siendo varios estados unidos, pero antes de estudiar su presente, debemos estudiar su pasado, y ese pasado es muy diferente al nuestro. EEUU: trece colonias, con un mismo idioma, con un mismo ejército, con una misma religión, con una misma raza, con una misma historia, que consiguen la independencia y se transforma en una potencia de primer orden. En la Unión Europea (UE) no se da ni uno solo de estos elementos.
Para que surja un nuevo Estado hacen falta tres elementos: territorio, población y soberanía. Los dos primeros elementos los tenemos, pero la soberanía es algo que Europa no tiene y que nunca tendrá, porque ésta reside en las naciones que alberga en su interior y es algo de lo que nunca van a desprenderse.
Los estados de Europa son diferentes entre sí. No tienen un idioma común, ni historia común, ni tradición común, ni costumbre común ni un derecho común, que también son elementos básicos para construir un Estado de nuevo cuño.
Europa jamás debería llegar a ser un Estado unificado como pretende la Unión Europea, y quien dice la Unión Europea, dice el poder económico, porque no tenemos nada en común.
La UE trata de llevar a cabo dos procesos de integración: uno económico y otro político.
Los Estados europeos se deberían organizar dentro de una asociación económica, porque en este atípico mundo globalizado tienen más peso 27 países juntos que un solo Estado de forma independiente. Y España, hasta que no vuelva a ser una potencia de primer orden, tendrá que integrarse en esta asociación económica. No tiene otro remedio.
Sin embargo, la unión política ya es algo más serio y complicado, porque ésta unión implica una pérdida absoluta de soberanía.
Es necesario recalcar que el motivo por el que se lleva a cabo la unión política es porque lo dicta el poder económico, pero el poder económico no se puede imponer al poder político, si queremos conservar el estado de bienestar.
Los españoles dejaríamos, y estamos dejando de ser, dueños de nuestro propio destino, en beneficio de un ente supranacional ajeno a nuestros propios intereses políticos.
En conclusión, no a los Estados Unidos de Europa, y sí a la Europa de los Estados.
